Historias De Casas

Conoce experiencias transformadoras

LOS ABUELOS

“Nunca es tarde para aprender”, Leonor Arzuza

Ya es un lema decir que las Casas Distritales de Cultura están abiertas a todo el mundo; a todo aquel que quiera participar; a cualquier persona, sin importar su edad ni condición. Y un ejemplo de ello es Leonor Arzuza, quien a sus casi 80 años aprendió a dibujar.

Ella, que llegó hace 3 años al programa, se ha destacado desde entonces con su trabajo en los talleres de pintura.

“Más que todo yo ingresé porque acababa de morir mi madre unos años antes y la profesora de música Una Babilonia me invitó a que asistiera. Me decía que si me quedaba encerrada iba a estar deprimida, y era cierto, así que me presentó al profesor Baltasar Sosa y empecé en septiembre de 2016”, cuenta Leonor, quien asiste a los talleres de Casas Distritales de Cultura en la localidad Norte-Centro Histórico.

Muchos la consideran como la ‘nana’ del aula de clases, porque la mayoría de los beneficiarios tienen entre 8 y 12 años; pero ase­ gura que eso a ella no la molesta. Todo lo contrario, se siente agradecida con todo el cariño que le brindan. Ella considera que “se me creció la familia.  Me siento como la abuela de todos y me tratan muy bien. Es como si fuesen unas clases con los nietos”. Llegó sin saber nada de pintura. “Mi vida era coser”, sostiene.

Ahora, quiere unir las dos cosas y aprender pintura en tela para poder hacer vestidos.

“La idea más que todo es de mis hijos, para que tenga algo que hacer, porque a esta edad uno va decayendo y yo no quiero eso. Quiero seguir y aprender, porque siempre he sido inquieta y me ha gustado aprender”, expresa con entusiasmo.

Leonor asegura que el programa de Casas Distritales de Cultura le parece maravilloso porque brinda oportunidades a las personas con talento para el arte. “Esto es para todos, para los que no tenemos inquietud de negocios, y para los que si, porque esto los ayuda e incentiva a impulsar las entradas económicas de la casa”, anota Leonor, quien invita a mujeres como ella a que se animen y encuentran en los talleres de Casas Distritales de Cultura una opción para seguir creciendo.

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LOS PADRES”La danza es mi pasión, mi vida”, Zenith Gutiérrez.

Todo comenzó cuando a sus 5 años de edad, Zenith María Gutiérrez Fontalvo por curiosidad se acercó a ver unos jóvenes que estaban en clase extracurricular de baile en un colegio del barrio Modesto, donde funcionaba una Casa Distrital de Cultura. Desde entonces su imaginación empezó a volar, y mientras crecía sentía que la pasión del baile se apoderaba de su ser, por lo que nunca dudó que su vida giraba al ritmo de la danza.

Así llegó Zenith a los talleres de danza de Casas Distritales de Cultura. Ella es quizás una de las beneficiarias que más tiempo ha estado en el programa, 19 años, es decir, su niñez y adolescencia. Hoy a sus 29 años aún sigue vinculada con las ‘Casas’, esta vez como orientadora de más de 300 jóvenes barranquilleros a quienes forma e infunde su pasión por la danza. Claro, antes pasó por la Escuela Distrital de Arte y Tradiciones Populares, EDA, donde obtuvo el título de Técnico en Ejecución de la Danza.

¡Ella dedica su día a día a la danza, formas jóvenes en toda Barranquilla y también hace parte del grupo Team CDC! Casas Distritales de Cultural, con el cual se presenta en eventos de la ciudad, además de representar al distrito a nivel nacional e internacional en encuentros de danza, como es el caso de la participación en el campeonato de Master Cheerleading en Orlando, Estados Unidos.

Para Zenith su pasión por la danza no le representó un camino fácil, ya que no contó con el apoyo de sus padres, quienes le reprochaban e insistieron que esta práctica no la llevaría a ningún lado. Pero esto no fue impedimento para que ella siguiera tras su sueño y salir adelante. Gracias a su esfuerzo y dedicación hoy gracias a la danza ha podido viajar y salir adelante junto a su hija Marra, de 3 años de edad, y está segura de que muchas más cosas están por venir.

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LOS JOVENES

“Mi camino lo marcó Casas de Cultura y la música”, Daniel Castillo

Sin un papá presente, y una mamá que no lo apoyaba en sus sueños, Daniel Castillo, de 17 años y residente en el barrio la Chinita, encontró en el amor de sus abuelos y en las Casas Distritales de Cultura, un refugio para poder cultivar su pasión: la música.

Hoy, una década después, la vida de este joven talento barranquillero transcurre entre desfiles, animación en fiestas, incluso en alguno que otro concierto, donde acompaña a músicos profesionales que ya conocen sus dotes con la percusión, actividades que le han permitido ir forjando un nombre en esa industria, como también algún sostenimiento económico con este arte que tanto ama.

Danielito, como lo llaman muchos, es uno de los beneficiarios más aventajados de los talleres de música de Casas Distritales de Cultura, proceso en el que ingresó cuando tenía 7 años, “por inquieto”, como él mismo lo reconoce. Rápidamente fue escalando, hasta el punto de convertirse en el timbalero de la Banda Distrital de Casas Distritales de Cultura, a pesar de que en un principio negaba la invitación que le hacían porque no tenía cómo llegar a los ensayos.

“En Casas Distritales de Cultura he logrado madurar gracias a que los profesores, que más que eso han sido mis papás, sobre todo el profesor Johnny Castilla, a quien le he aprendido mucho de la música y de la vida. Yo no le tenía amor al estudio, perdí tres veces sexto, y gracias a los consejos del ‘profe’ y de muchas personas más, hoy voy juicioso al colegio e incluso cumpliendo otro de mis sueños, estudiar en la Escuela Distrital de Arte y Tradiciones Populares, EDA “, afirma.

Cuenta el joven músico que le debe todo lo bueno que le está pasando al programa de Casas Distritales de Cultura en las que ha aprendido no sólo a mostrar su talento artístico, sino a adquirir disciplina, así como también a aprender a soñar, lo cual le ha permitido hoy ir cumpliendo algunas de las metas que se ha trazado.

“Gracias a lo aprendido en el programa me llaman para hacer parte de alguna presentación con grupos musicales y con esos recursos he logrado adquirir mi propio instrumento. También están ayudando a mi abuelita para el mejoramiento de su vivienda y como si fuera poco llevo 4 años participando en el Carnaval, un sueño que se hizo realidad, porque cuando yo iba de niño con mi mamá a la Batalla de Flores, me veía en una carroza o bailando; pero nunca pensé que pudiera ir tocando. Son tantas cosas buenas que no alcanzo a describirlas”, asegura el joven.

Hoy Danielito solo tiene agradecimientos para la Alcaldía Distrital de Barranquilla y su Secretaría de Cultura, Patrimonio y Turismo: “ha sido lo mejor que se me ha ‘atravesado’ en la vida, no quiero imaginar lo que hubiera sido de mí si hace 10 años no los encuentro”, dice con la voz entrecortada este joven barranquillero que espera convertirse en uno de los más grandes percusionistas de la música folclórica y latina.

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