Barranquilla tomó la decisión de acabar con los arroyos

Le estamos dando una lección al mundo: sí se puede, cuando hay decisión

Sesenta años después de haber comenzado a pensar en las soluciones y en los altos costos para acabar con los arroyos, Barranquilla le está dando una lección al mundo: sí se puede, cuando hay decisión.

Aunque algunos los veían como un espectáculo supremo que usualmente seguía a las lluvias torrenciales, la verdad es que el desbordamiento de los arroyos de Barranquilla trajo consigo noticias tenebrosas. Siempre.

Las investigaciones le achacaban la culpa a la urbanización que crecía en el suelo. Como antes las calles eran arenosas, subsumían todo el agua que caía. Cuando el pavimento llegó a las vías y se construyeron casas y edificios, las aguas empezaron a deslizarse y ahí donde se unían dos o más corrientes y se formaban grandes correntías.

Cada vez que llovía en la ciudad, los arroyos afectaban la movilidad de los ciudadanos y la circulación vehicular, incrementaban la posibilidad de muertes violentas y deterioraban la infraestructura. Además, aumentaba la proliferación de enfermedades, los daños ambientales y la disminución de la productividad barranquillera de bienes y servicios.

Barranquilla tomó una decisión

A los 60 días de gobierno, el exalcalde Alejandro Char presentó al Concejo un ambicioso plan de inversiones. 

Si pretendíamos que Barranquilla fuera la Capital de Vida, teníamos que acabar con el fantasma de la muerte que aparecía bajo la lluvia.

Fue entonces cuando se implementó el programa ‘Barranquilla sin Arroyos’, con el objeto que Barranquilla recupere componentes del sistema hídrico mediante la adaptabilidad como parte fundamental de la planeación de los proyectos hidráulicos, basado en esta política y con el apoyo del Concejo Distrital, se ha proyectado la solución concreta, definitiva y organizada, de seis de los más importantes arroyos de la ciudad.

Es decir, Barranquilla se adelantó a los tiempos enfrentando el problema del cambio climático como manera de prevención y no como mera reacción.

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